«Se esperaba» es la forma del pretérito imperfecto del verbo esperar, conjugado en tercera persona del singular (él/ella/usted) o como construcción impersonal, indicando que algo se anticipaba, preveía o aguardaba en el pasado. También puede usarse reflexivamente («se esperaba»).

Toca reflexionar. Toca reflexionar, prever y aguardar que una murga sepa que le esperen en la final de un concurso. Jerga lícita que las plumillas nos permitimos, y no por esperado, aburrida crónica prediseñada con IA. Esa misma que vigila a Marwan, sus albañiles muladíes, los médicos de familia que recetan jaleos de 5mg. y un fandango en sobre al día al Marqués de Porrina y al Valentín, ese entrenador infantil que aprendió chutando en las murallas a ritmo de saeta costalera. Pasan esos seis, se esperaban o eso dicen. Toca disfrutar de nuevo.

También se habla de tanking. Eso que se hace en la NBA para pillar a los mejores jugadores universitarios en el draft, perder partidos a posta, hacer el canelo, hacer un dive como dicen el boxeo, para quedar último y entallar en el sorteo al figura de dieciocho años que mete puntos desde los camerinos a ritmo de Bad Bunny. El cantante, no el conejo. Ahí andan algunos, participando al límite, hasta el día que falte la creatividad, el cansancio, la edad o simplemente la aplastante y aburrida verborrea de chistes sacados de una casete de Arévalo. Pero la calidad no se pierde nunca, ahí está la emoción de ir todos los días a tararear sus estribillos.

Hay cantera que ya empieza a poner Jr en el dorsal de la camiseta, chicos y chicas que ya sacan cabeza. También hay hermanos tránsfugas, a los que queremos muchos, hermanos gemelos que almaridean desde inmemoriales, padres e hijos que trabajan juntos, uno transcribe los estribillos y el otro le pone la imagen, padre que toca la guitarra e hija que le canta un Queen-Cuplé, gente que aplaude hasta hacerse sangre en las manos, gritonas que guapean a sus murgueros, público que saluda por wasap, presentador que aúlla con emoción cada entrega murguera, personal de vigilancia que vigila las constantes vitales de los servicios sanitarios, que a su vez cuidan que nadie bostece sin peligro de esguince bucal. Todo por amor al Carnaval ese espacio fiestero en el calendario de la ciudad, donde la competición se convierte en eso que se esperaba…o algunos esperan.

Félix Méndez / Willy López

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