Jordi Évole siempre ha preferido estar al otro lado de las preguntas. Disfruta entrevistando, escuchando, dejando que el silencio se llene de verdad. Cuando le toca a él responder, se nota que no le entusiasma tanto. Pero basta con que empiece a hablar para que surja la naturalidad de quien lleva años mirando el mundo desde la empatía y la curiosidad.

Periodista, productor y, desde hace un tiempo, también músico, Évole atraviesa una etapa más serena, más consciente. Hubo un momento en su vida, frágil y decisivo, que marcó un punto de inflexión. Coincidió con el encuentro con Pau Donés, líder de Jarabe de Palo, a quien entrevistó poco antes de su fallecimiento. Aquella conversación, íntima y luminosa, le abrió los ojos: “Pau me enseñó a vivir con otra mirada”, confiesa Jordi. Desde entonces decidió bajarse del ritmo frenético del trabajo, disfrutar más de cada segundo y darle espacio a lo que de verdad importa.

De esa necesidad de respirar y compartir nació Niño Jesús, una banda de versiones que formó junto a un grupo de amigos de Sant Boi de Llobregat. Ensayan en la Unión Extremeña del municipio, un detalle simbólico que une sus dos orígenes vitales: Cataluña y Extremadura. Ahora, entre rodajes, giras y encuentros universitarios, Évole sigue buscando historias, pero lo hace con otra cadencia, más pausada, más libre, más suya.

Rodaje con Lola Herrera en Alange: “Fue una conversación con alma”

Jordi, ¿qué te trae a Extremadura esta semana?
Hemos estado grabando un programa con Lola Herrera en el balneario de Alange, un lugar precioso que no conocía. Teníamos que buscar una localización para una entrevista y alguien sugirió grabar en un balneario… y ha sido un acierto total. Además, como teníamos el vuelo desde Badajoz, todo ha encajado. La verdad es que ha sido una experiencia muy bonita.

¿Por qué Lola Herrera? ¿Qué te interesaba de ella para tu programa?
Lola es una mujer que ha vivido varias vidas dentro de una sola. Es actriz, sí, pero también símbolo de resistencia, de coherencia y de valentía. Me apetecía hablar con ella no tanto de su carrera —que es inmensa—, sino de cómo ha enfrentado los años, los cambios, la soledad, la fama… esas cosas que no siempre se ven. En el balneario de Alange se dio algo muy bonito: la conversación fluyó con una calma especial. No sé si era el agua termal o el silencio del lugar, pero todo ayudó a que Lola se abriera con una honestidad tremenda.

“Con Lola se dio una conversación de esas que se quedan contigo. No era una entrevista: era una charla sobre la vida.”

 El periodismo del futuroTambién estuviste en la Facultad de Comunicación y Periodismo de la Universidad de Extremadura. ¿Cómo fue ese encuentro con los estudiantes?

Muy especial. Fue un debate abierto, nada de charlas cerradas. Desde el principio quise que los alumnos participaran, que preguntaran, que discreparan. Lo más curioso es que algunos ni siquiera sabían quién era yo, y eso me pareció fantástico. Me recordó que los referentes cambian, que las nuevas generaciones consumen información de otras formas, y eso me obliga a replantearme muchas cosas. Al final, hablamos de periodismo, de ética, de televisión, pero también de vida. Yo me fui de allí con la sensación de haber aprendido más de lo que enseñé.

“El periodismo que viene será distinto, y eso es lo mejor que puede pasarle al periodismo.”

Concierto en la RUCAB: “Seis locos tocando canciones que todos llevamos dentro”Y por la noche, cambio de escenario: la RUCAB se llenó para ver a Niño Jesús. ¿Cómo viviste esa acogida?

Brutal. No esperábamos tanta gente. Al final somos seis locos tocando versiones de música española, temas de toda la vida, pero con el cariño y el sentido del humor de un grupo de amigos que se juntan para disfrutar. Y lo que pasó en la RUCAB fue eso: una gran fiesta. La gente cantaba, bailaba, se emocionaba. Ver a universitarios y vecinos compartiendo canciones de Sabina, Los Secretos o El Último de la Fila fue increíble. Esa energía es la que te recuerda por qué merece la pena seguir haciendo cosas, aunque no tengan nada que ver con lo que haces en la tele.

“La música me ha devuelto algo que la televisión a veces me quita: la alegría sin guion.”

Raíces extremeñas: “Mi abuelo se marchó de Garrovillas, pero Extremadura siempre estuvo en casa”Has hablado muchas veces de tus raíces familiares en esta tierra.

Sí, mi familia paterna es de Garrovillas de Alconétar, en Cáceres. Mi abuelo se marchó a Cataluña buscando trabajo en las minas, y mi padre se crio ya allí. Pero siempre hemos mantenido ese vínculo emocional con Extremadura. Hace unos años volví con mis padres, mis tíos y mi hermana, y fue un viaje muy emotivo. Me di cuenta de que somos mucho más parecidos de lo que creemos: Cataluña y Extremadura están más unidas de lo que algunos han intentado separar.

“Las migraciones tejieron puentes entre pueblos. Mi familia es uno de esos puentes.”

El arte de escucharEn tus entrevistas sueles buscar conexiones humanas más que titulares. ¿Te sigue emocionando ese proceso?

Muchísimo. Vengo ahora de entrevistar a una señora de 90 años con una historia de vida impresionante. Me fui lleno de sabiduría. Esas conversaciones te enseñan a vivir, te ayudan a relativizar y a entender mejor lo que somos. Y con Lola me pasó eso: te das cuenta de que la edad no te resta energía ni lucidez si la vida te ha mantenido despierta.

La música como refugio

También te hemos visto últimamente muy musical, incluso compartiendo escenario con artistas conocidos.
Sí, tengo la suerte de coincidir con gente a la que admiro: Amaral, Mikel Erentxun, Manuel Carrasco… y lo bonito es que nos encontramos en festivales, sin pretensiones, compartiendo la música desde el cariño. Al final, todo se resume en eso: en compartir, escuchar y seguir aprendiendo.

“Después de tantos años haciendo televisión, ahora disfruto más que nunca del directo… aunque sea con una guitarra.”

Willy López / Félix Méndez

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