Hay artistas que levantan monumentos. Otros pintan murales, ilustran libros o enseñan a dibujar. José Manuel Gamero Gil hace todo eso y algo más complejo: construir vínculos entre las personas y el territorio a través del arte.

Natural de Oliva de la Frontera y afincado en Badajoz desde hace más de dos décadas, Gamero Gil se ha convertido en una de las figuras más reconocibles de la creación contemporánea extremeña. Licenciado en Bellas Artes y poseedor de una trayectoria multidisciplinar difícil de encasillar, su obra forma ya parte del paisaje cotidiano de miles de extremeños. Esculturas, murales cerámicos, intervenciones patrimoniales, ilustraciones, diseño gráfico, pintura o proyectos educativos componen una carrera marcada por una inagotable capacidad creativa y una constante voluntad de servicio a la comunidad. Su firma aparece en algunos de los espacios más emblemáticos de la capital pacense. El monumento a Marín de Rodezno en la Plaza Alta, el dedicado a San Vicente de Paúl, la escultura de los Donantes de Sangre, los Murales Cerámicos de la Historia de Badajoz o diversas actuaciones en el Museo de la Catedral y en parroquias de la ciudad forman parte de una producción artística que dialoga con la memoria colectiva y el patrimonio de la región.

Pero su huella va mucho más allá de Badajoz. Oliva de la Frontera, Segura de León, Fregenal de la Sierra, Valverde de Leganés, Villafranca de los Barros, Olivenza o Cáceres son algunas de las localidades que albergan obras públicas de un creador que ha sabido combinar la excelencia artística con una estrecha vinculación al territorio. Una trayectoria que también ha cruzado fronteras gracias a encargos y colecciones presentes en países como Portugal, Francia, Italia, Perú o República Dominicana.

El arte como herramienta de transformación

Sin embargo, quienes conocen de cerca a Gamero Gil saben que una de las facetas que más le apasionan no se encuentra en plazas ni museos. Está en las aulas. Desde el Espacio de Creación Artística El Obrador, convertido en un auténtico laboratorio de ideas y punto de encuentro para artistas y alumnos, desarrolla una intensa actividad pedagógica que complementa su producción artística. A ello se suman talleres en fundaciones, universidades populares y centros educativos donde el arte deja de ser una asignatura para convertirse en una experiencia transformadora. Especial relevancia tiene su participación en el proyecto Mus-e de la Fundación Yehudi Menuhin, una iniciativa internacional que utiliza las artes para favorecer la integración social y cultural en centros educativos de especial complejidad. Allí, entre pinceles, colores y cuadernos, Gamero Gil trabaja con escolares que encuentran en la creación una vía de expresión, convivencia y pertenencia. Porque para él, el dibujo nunca ha sido únicamente una técnica, es también una forma de mirar el mundo.

Badajoz desde todas sus aristas

Esa filosofía alcanza una de sus expresiones más bellas en la reciente publicación que protagoniza junto a otro extremeño universal: Gabi Campanario, fundador del movimiento internacional Urban Sketchers y referente mundial del dibujo urbano desde Estados Unidos. Como miembro activo del colectivo USk Badajoz desde sus inicios, Gamero Gil ha participado durante años en encuentros y jornadas de dibujo al natural que han convertido las calles de la ciudad en un inmenso estudio abierto. Fruto de esa experiencia nace una obra que trasciende el simple cuaderno de viaje.

En sus páginas aparece la Badajoz monumental, la de las plazas históricas, las murallas, los edificios emblemáticos y los rincones reconocibles. Pero también emerge otra ciudad menos visible y quizás más importante: la emocional. La de los vecinos que conversan en una terraza. La de los músicos que llenan de vida una plaza. La de los participantes de las fiestas populares. La de las procesiones, los mercados, los encuentros y las pequeñas historias cotidianas que conforman la verdadera identidad de una ciudad. Gamero Gil no dibuja únicamente lugares, también retrata personas habitando esos lugares. Y en cada trazo consigue capturar algo que las fotografías rara vez alcanzan: el latido humano que existe detrás de los espacios.

Un patrimonio hecho de emociones

La publicación se convierte así en una auténtica cartografía sentimental de Badajoz. Un recorrido donde arquitectura, paisaje urbano y vida cotidiana conviven para construir un relato colectivo de la ciudad. Cada ilustración funciona como un documento artístico, pero también como un ejercicio de memoria. Un testimonio de aquello que somos cuando caminamos por nuestras calles, celebramos nuestras fiestas o compartimos nuestros espacios comunes. En una época marcada por la velocidad y las imágenes fugaces, José Manuel Gamero Gil reivindica el valor de detenerse, observar y comprender. Quizá por eso sus dibujos emocionan. Porque no representan únicamente una ciudad. Representan la vida que ocurre dentro de ella.

Una manera única de mirar la ciudad. Badajoz por Gamero Gil

Tiene mi amigo Gamero, un cuaderno, y una libreta, e inexorablemente un amasijo de buen papel, y un sinfín de sueños esculpidos en hojas ácimas envueltas en un hatillo de arte. Tiene el artista la pausa franciscana de un tipo con uniforme de oleo y trementina. Los molesquines, blocks, cuadernos, libretas, esbozan de manera mística, su imaginario repleto de matices.  Recorrer el universo de José Manuel Gamero Gil, supone recibir un fogonazo de un horno de antaño, del que atávicamente quema el alma, de los que tenemos la fortuna de pasear por el laberinto de su estudio. Del taller, recuerdos de una tahona, que tiñe la acuarela de viajes, de escenas cotidianas, de espacios perennes con color caducifolios. Todo un trampantojo de arte.

Entramos de lleno en su trabajo, un cartapacio (cuaderno) de bitácora que regala magistralmente, sin andamiajes, sin tapujos, con la impronta del deleite, y siempre bajo la máxima de Caravaggio, no deben solo mirar mis cuadros, no deben solo contemplarlos, deben sentirlos. Una servilleta, un mantel de papel, la primera hoja en blanco de un libro, el jirón de un cuadernillo afanada a tus hijos, todo vale para arrancar con un paisaje urbano. La mancha que deja una cucharilla de café, sirve para mostrar la sillería de una catedral, el viaje de una gota de vino, del cuello hasta el pie de la botella, es lo estrictamente necesario, para reconstruir una plaza de la ciudad en pleno mes de agosto. El pincel termina su trabajo.

Os recuerdo, que tiene Gamero, un urban sketchers, y un sketchers book, y en ristras formando una montaña de arte; cuadernos urbanos pintados con pasión. De entre sus hojas brotan el rojo del Holi de la India, los infinitos ocres de Canadá y el macilento amarillo de cualquier neón de la Gran Vía madrileña. Tiene Gamero, encuentros con artistas, con neófitos del arte, con apasionados del trazo y el color, donde plasman los rincones de la tierra extremeña, y en especial de Badajoz, la ciudad que lo acogió con cariño y de la que ha recibido con tesón y profesionalidad su sello, el pasaporte de la ciudad.

Este álbum recopila esos momentos. Los generados por autor, los que la ciudad proyecta. Un paseo por la Plaza Alta pacence, un día en la Feria de San Juan, detalles de la fiesta del Carnaval, símbolos de interés Turístico Internacional, como la Semana Santa badajocense, donde la paleta de colores explota a cada página. Las recreaciones históricas de la ciudad son plasmadas de manera magistral por el artista extremeño donde los matices embellecen el atuendo de turno, o donde simplemente, el reflejo del agua del río Guadiana se convierten en avales pictóricos para recordar nuestro pasado y presente natural. Un block, lápices, acuarelas, témperas y mucha ilusión, los ingredientes básicos para captar el momento, un paseo único donde vislumbrar cada enclave urbano desde la sutileza que otorga el zigzagueo plástico del autor. Una manera única de mirar la ciudad. Una manera genuina de dejarse retratar.

Cierro el círculo, y por las casualidades de esta vida, escribiendo sobre este movimiento artístico, el Urban Sketchers. Hace años, en sus inicios, pude contactar por el trabajo periodístico de ambos, con uno de los padres fundadores de esta actividad, Gabi Campanario. Con raíces extremeñas y muy cercanas a las de Gamero Gil, por entonces utilizando esta técnica para reflejar a golpe de dibujo lo cotidiano de una ciudad. Trabajaba en The Seattle Times y recuerdo la emoción que trasmitía por saber que uno de su tierra supiese de su trabajo. Los dos coincidíamos en la belleza de reflejar, con estos dibujos de cuadernos rápidos y con esencia de bocetos, aquello que es cotidiano, calles que atravesamos todos los días y que nunca paramos a mirar, edificios que nos acogen, pero de los que no tenemos el salvaconducto natural de bailar con ellos, plazas a simple vista fútiles y funcionales, pero trazadas con las coordenadas del Sketchers, nos hacen detenernos en genuinos detalles, que, en la premura de este siglo, nos ciega y esconde.  Pasen, vean, y disfruten, de un legado artístico en un formato especial y genuino de la mano de un tipo maravilloso, Gamero Gil.

 

Willy López 

Con el territorio, la sociedad

Y la Cultura

  • Publicidad Cáceres 2031
  • Publicidad Pasión por la cultura
  • Publicidad Diputación de Cáceres
  • Fundación CB
  • La Bodega de Santa Marina - tienda de vinos