Galindo puede ser un Guardia Civil, inmerso en la trama de los GAL. Galindo puede ser un pequeño actor, reclutado como mero entertainment por Sardá. Galindo, puede ser esa chica del instituto, que te hizo ojitos. Galindo, puede ser el bar de tu barrio, el refugio del sol y sombra que te hace olvidar un día de mierda. Galindo puede ser el líder de una banda del cartel de Cali. Galindo puede ser tu taller, el de toda la vida, chapa y pintura.

Galindo puede ser todos los anteriores o ninguno de ellos. Nosotros nos quedamos con el Galindo madrileño, el pequeño que pintaba boxeadores a los seis años, el Galindo que puso bombas de color en las galerías de la capital, el que tenía loco a Helga, el que supo zambullirse en Soledad Lorenzo, el envés de Felicidad Moreno, el tipo que toma cañas en un bar de un pueblo de Toledo o una esferificación de jamón de montanera en Atrio. El señor que moldea chapa, fotos y pinturas en una antigua bodega portuguesa, el encargado de delimitar el encuadre de Pedro Almodóvar con sus obras, el artista que se dejó llevar por los consejos de Carlos León, por la visión de Rafa Doctor y por la explosividad de Julian Schnabel.

Galindo, Jorge, de ese hablamos, todos los anteriores pueden o no existir, éste, Jorge Galindo, es de carne y hueso, existe y anda entre las paredes de Santa Catalina. Es su Altar, de momento. Y por allí andan sus flores, sus tallos, sus, jirones de arte, su matérico trabajo de metros de altura, su pequeña fábula de J.J. Grandville con forma de cruz, sus libros de autor mecidos de colores por las tapas de su padre, y venga tela, lonas, albaranes de máquinas Singer rescatados de los rastros, y todo pintado a pulsaciones, con las yemas de los dedos y con esencia. Repetimos, puede ser todo lo que tú quieras, pero quédate con el último, toda la parafernalia que podamos escribir para definir al artista puede que te abrume, pero deja ese tema para los afiches de las bienales y disfruta. Simplemente, pasen y vean, sencillamente y con todos ustedes, Jorge Galindo, o todos los anteriores.

Con el territorio, la sociedad

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