En la sala cuelgan imágenes que parecen susurrar. Hombres apoyados en barras de madera oscurecida por el vino. Mesas pequeñas. Miradas directas. Carteles de licores. Un mundo suspendido en el tiempo. No es una Lisboa monumental ni turística. No es la postal. Es otra cosa….es la Lisboa que ya no está.

El fotógrafo portugués Luis Pavão presentó en Extremadura su proyecto Lisboa Frágil, una obra iniciada en 1979 que documenta las tabernas, colectividades y bailes populares de la capital portuguesa antes de su transformación acelerada por el turismo y el capital internacional.

Los encuentros con el artista se celebraron, por un lado, en el MEIAC – Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, y, por otro, en Lisboa, en la sede de LUPA, su estudio y empresa especializada en conservación y digitalización de colecciones fotográficas. Un viaje donde la Fundación CB y su pasión por conservar el pasado fotográfico, lo que contiene de veraz, documental y estético el mundo de la imagen, siguen poniendo su piedra institucional con este viaje de fronteras.

La exposición fue comisariada por la fotógrafa extremeña Laura Covarsí, profundamente vinculada al medio fotográfico tanto por su formación superior como por su trayectoria artística y su historia familiar —con abuelo y padre ligados al arte—, además de su estancia durante un tiempo en la capital portuguesa, una experiencia que refuerza el diálogo entre ambas orillas.

La intuición de que algo iba a desaparecer

En 1979, Pavão trabajaba en el Museo de Arqueología, en la zona de Belém. Tenía poco más de veinte años cuando comenzó a fotografiar las tabernas de Alcántara, un barrio entonces obrero. “Ya en los años 80 sentíamos que la ciudad estaba cambiando”, explica. “Comencé a fotografiar con la idea de que esto, un día, iba a desaparecer.” No era una hipótesis académica. Era una intuición urbana.

¿Qué es exactamente Lisboa Frágil?

Es el recuerdo de una ciudad que ya no existe. Fue extinguida, absorbida por la evolución del capital, del turismo y de la industria. Si hoy vas a Lisboa, no ves nada de eso. La modificación de la ciudad fue tornándose cada vez más rápida. Lo que parecía estable empezó a transformarse sin pausa.

Más de cien tabernas

Pavão no trabajaba como reportero de prensa. No fotografiaba para el periódico del día siguiente. Su mirada era más lenta, casi arqueológica. Había más de cien tabernas en Lisboa. No entraba con la cámara sin más. Elaboraba fichas. Registraba cuántos baños tenía el local, si servía comida, si había animales, cuántas mesas, cuántos clientes. Guardaba hojas de contacto, tarjetas, notas. “Era también una estrategia”, admite.

¿Por qué documentar de forma tan meticulosa?

Por dos razones. Primero, porque había muchas tabernas y quería organizarlas. Segundo, porque ese registro era mi carta de presentación. Yo no era un vagabundo que entraba a hacer fotos. Estaba haciendo un estudio. Eso cambiaba mi estatuto dentro del lugar. Eran espacios semiprivados. Cerrados. No cualquiera era bienvenido. Aceptado, entonces sí: fotografiado.

De las tabernas a los bailes populares

A finales de los 80 amplió el foco hacia las colectividades culturales y los bailes nocturnos. Asociaciones populares donde vecinos se reunían a bailar, conversar y reconocerse. La Lisboa de barrio era una red de relaciones. Las personas se conocían. El anonimato no era la norma. Hoy muchos de esos espacios están cerrados. O convertidos en otra cosa. “Fui recientemente a visitar una sociedad donde hice buenas fotografías”, cuenta. “Está cerrada. Ya no existen personas así para venir a jugar. Ahora son condominios vendidos por un millón a extranjeros.”

La ciudad del lujo y la sustitución

La transformación no es solo estética. Es estructural. Locales tradicionales se convierten en cadenas internacionales. Cafés históricos desaparecen. Restaurantes familiares son sustituidos por franquicias. “Estos sitios no eran económicamente muy rentables”, explica. “Después se transforman en McDonald’s o Starbucks.” El fenómeno no es exclusivo de Lisboa. Pavão lo ha visto en Barcelona, París o Roma. Los monumentos cambian, pero el paisaje comercial se uniformiza.

¿Es por eso que la llama frágil?
Lisboa es frágil. Aquella Lisboa era frágil. La de ahora tal vez no lo sea tanto, porque tiene un gran capital por detrás. Pero incluso hoy ves que los restaurantes y pequeños hoteles duran dos o tres años. Después cierran. Todo está siempre cambiando. Una ciudad en permanente sustitución.

El impacto del pasado en el presente

Cuando la exposición se mostró en Lisboa, el éxito fue inesperado. Miles de visitantes. El libro se agotó. Había dos tipos de público, recuerda: los que vivieron esa ciudad los que nunca la conocieron. Los primeros miraban con nostalgia y, a veces, con rabia. Los segundos con curiosidad histórica. “Hoy Lisboa es más cosmopolita, más anónima”, dice. “Antes, en los barrios, las personas se conocían.”

LUPA: conservar la memoria

La segunda conversación tuvo lugar en Lisboa, en la sede de LUPA, la empresa fundada por Pavão junto a su padre en 1982. LUPA nació para encuadrar y organizar su producción fotográfica, pero evolucionó hacia la conservación y digitalización de colecciones. Pavão se formó en Estados Unidos en conservación de fotografía y, a su regreso, amplió el campo de trabajo. La empresa está especializada en la preservación de fondos históricos y ha trabajado con instituciones como la Fundação Calouste Gulbenkian. Además, Pavão ha ejercido como conservador del Archivo Municipal de Lisboa durante años. Llegó a tener 25 empleados. Hoy el equipo es más reducido, pero la actividad continúa. “El milagro es que LUPA tiene 42 años sin interrupción”, afirma.

Analógico frente a digital

Pavão sigue trabajando en analógico para su obra personal. Mantiene el cuarto oscuro. La materialidad. La lentitud. Pero la llegada del digital transformó el mercado profesional. “En el 98, 99, 2000 tenía muchos encargos fotografiando palacios, bancos, hoteles, en diapositiva. Era un trabajo difícil y bien pagado. Después vino el digital y lo mató. Ahora cualquiera con una cámara —o con un teléfono— puede hacerlo.” La democratización técnica alteró el valor del oficio y también el tiempo de la mirada.

La banda sonora de Lisboa

Al final de la conversación, surge una pregunta inesperada.

Si tuviera que poner una canción a esta exposición, ¿cuál sería? “Tal vez un fado fuerte. Un fado de Amália.” Pavão lógicamente se refiere a Amália Rodrigues, la voz que convirtió Lisboa en sonido universal. Porque la ciudad que fotografió Pavão no solo se veía: se escuchaba.

Entre el archivo y el escenario: dos formas de mirar

La conversación con Luis Pavão no terminó en la sala expositiva. Continuó en Lisboa, en un recorrido que amplió el sentido de Lisboa Frágil. Visitamos junto al maestro el Arquivo Fotográfico Municipal de Lisboa, institución fundamental para la memoria visual de la ciudad y espacio con el que Pavão ha mantenido una estrecha relación profesional como conservador. Entre depósitos, cajas y fondos históricos, la fotografía deja de ser imagen colgada en pared para convertirse en patrimonio, en responsabilidad pública, en tiempo preservado.

Allí, el gesto cambia. La mirada se vuelve técnica. Se habla de conservación, de emulsiones, de digitalización, de la fragilidad material del soporte, se venden libros inéditos de autores que íneditos. La ciudad no solo desaparece por el mercado; también puede desvanecerse si no se protege su memoria visual. Horas después, el itinerario nos llevó al MAAT – Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia, donde se exhibía “O Mundo Inteiro é um Palco” del fotógrafo estadounidense William Klein.

La contraposición era inevitable. Si Pavão documenta la Lisboa íntima, contenida, casi silenciosa de tabernas y colectividades, Klein convierte la calle en escenario y el mundo en espectáculo. En uno, la proximidad; en otro, la intensidad visual desbordada. En uno, el registro paciente; en otro, la provocación gráfica. Dos miradas únicas detrás de un pequeño aparato llamado cámara fotográfica.

¿Se siente cercano a esa otra forma de mirar?

Pavão observa las imágenes de Klein con respeto. No hay rivalidad en el gesto. Solo conciencia de lenguaje. La cámara puede ser documento o teatro. Archivo o escena. Memoria o energía. Entre el Arquivo Municipal y el MAAT, entre la Lisboa frágil y el mundo como palco, el recorrido revela algo esencial: la fotografía no es solo técnica ni solo arte. Es una forma de habitar el tiempo.

Y mientras la ciudad continúa transformándose, acelerada e imprevisible, las imágenes —ya sean las íntimas de Pavão o las expansivas de Klein— permanecen como prueba de que toda ciudad, antes de convertirse en marca global, fue vida compartida. Y alguien estuvo allí para mirarla.

La ciudad invisible

En una de sus imágenes más evocadoras —una calle desenfocada tras gotas de agua— Lisboa aparece sin mostrarse completamente. Se intuye en el pavimento, en la luz, en la atmósfera. Hoy la ciudad es otra. Más internacional. Más cara. Más luminosa. Quizá menos íntima. Pero gracias a este archivo paciente y meticuloso, aquella Lisboa no ha desaparecido del todo. Permanece en la memoria química del papel fotográfico.
Y en la conversación entre dos ciudades —Extremadura y Lisboa— que, durante estos encuentros, volvieron a mirarse a través de la fotografía.

Félix Méndez / Willy López

Con el territorio, la sociedad

Y la Cultura

  • Publicidad Cáceres 2031
  • Publicidad Pasión por la cultura
  • Publicidad Diputación de Cáceres
  • Fundación CB
  • La Bodega de Santa Marina - tienda de vinos