Crónica de una fiesta que no se entiende sin la calle, la memoria y la gente

Hay personas que conocen el Carnaval de Badajoz…y luego está Paco González, que no solo lo ha vivido, sino que lo ha acompañado en su crecimiento, en sus vaivenes, en sus entrañas y en sus momentos de esplendor. Murguero desde muy joven en los míticos Los Agüitas, profesional de la radio durante décadas, pregonero de la Exaltación del Carnaval y actual presidente del Gran Desfile de Comparsas, Paco habla del Carnaval como quien habla de algo que lleva cosido por dentro. Sentarse a escucharlo es recorrer medio siglo de historia carnavalera pacense sin necesidad de archivos: basta con la memoria, la experiencia y una mirada crítica que no pierde nunca el cariño.

“Si el Carnaval pierde la calle, pierde el alma”

La libreta de las ausencias

Cuando Paco recuerda su Pregón de la Exaltación del Carnaval, hay un momento que siempre vuelve: La libreta de las ausencias. Aquella idea, inspirada en un verso que Antonio Mata tomaba de Plácido Carrillo, se convirtió en uno de los instantes más emotivos que se recuerdan en un pregón. No era nostalgia gratuita. Era memoria.

“Una forma de decir que el Carnaval no lo sostienen solo quienes hoy salen a la calle, sino también quienes ya no están y seguirán formando parte para siempre del Carnaval de Badajoz.”

En esa libreta invisible figuran nombres como José Tomás Andrade y Ricardo Taylor, dos referentes que permanecen en la memoria colectiva de la fiesta. Y, por supuesto, muchos más. Porque han sido miles las personas que han participado activamente en grupos, comparsas, murgas y artefactos, desde los escenarios hasta la calle más anónima.

Paco lo tiene claro: se está marchando una generación fundamental, la que recuperó el Carnaval a principios de los años 80, cuando la fiesta volvió a latir con fuerza en Badajoz. Una generación que levantó el Carnaval con más ilusión que medios, cuando aún no había focos ni reconocimiento. Podría dar muchísimos nombres, pero algunos aparecen con nitidez en esa libreta de las ausencias: Miguel Celdrán, Manolo Rojas, Pepe Hueso, Diego Gallego, Alfonso Colomer. Nombrarlos no es mirar atrás con melancolía; es hacer justicia. Porque el Carnaval pacense no empieza cada febrero. Continúa.

El Gran Desfile, escaparate del Carnaval

Si hay un momento en el que el Carnaval de Badajoz se explica solo, sin palabras, es el Gran Desfile del domingo. Para Paco, no hay duda: es una de las grandes razones por las que la fiesta ha alcanzado el reconocimiento de Interés Turístico Internacional.

Comparsas llegadas de pueblos pequeños con una calidad sorprendente. Disfraces construidos con materiales imposibles. Colores, música, coreografías, artefactos. Una auténtica explosión de ingenio que convierte a Badajoz en un referente no solo nacional, sino interncional. Desde dentro, el desfile se vive de otra manera. Diez horas de recorrido. Diez horas de atención constante. Verlo desde las tarimas es un privilegio que permite captar detalles que desde el público se pierden. Y también entender el esfuerzo real que hay detrás de cada agrupación.

“El Desfile del Carnaval de Badajoz es el desfile más espectacular que pueda existir en España, e indudablemente, como algunos lo califican, como el más largo de Europa”

¿Qué hace grande a una comparsa?

Paco confiesa que, cuando entra una comparsa, lo primero que evalúa no es el impacto visual, sino el sonido. La música es clave. Los metales, los steel drums, los metalófonos aportan la melodía que define a cada grupo. Después llega todo lo demás: vestuario, baile, estandartes, artefactos. Paco calibra el orden comparsero, las filas y su orden ya marcan la calidad de estos grupos.

“Es tal la capacidad de ingenio, originalidad y alegría que se propone en este desfile que es una auténtica pasada”

Hoy el nivel es tan alto que ya no basta con hacerlo bien. Hay que hacerlo con personalidad. Y aun así, Paco no olvida los orígenes. Se siente un privilegiado por poder verlo desde los altos de las tarimas.

“Me sigue sorprendiendo ver a ocho chicos y chicas tocando los steels en Barbaño, en Alange o Badajoz que son una autentica gozada…¿dónde han aprendido a tocar estos instrumentos que son originarios de Trinidad y Tobago?”

De la anarquía al orden

Hubo un tiempo en el que el Carnaval era mucho más anárquico. Grupos que se inscribían y no aparecían. Otros que incumplían las normas sin mayores consecuencias. Descalificaciones sonadas. Escenarios abarrotados cuando no debían estarlo.

El crecimiento obligó a organizar, a poner normas. Y ahí aparece Falcap, una entidad tan necesaria como debatida. Paco lo dice sin rodeos: su trabajo es fundamental. A veces excesivamente reivindicativa, como cualquiera que defiende lo suyo, pero imprescindible. Defensa de los grupos, recorridos, bases, actividades…Sin Falcap, el Carnaval sería ingobernable.

“El trabajo de la FALCAP es fundamental. A veces excesivamente reivindicativa, como cualquiera que defiende lo suyo, pero imprescindible”

 

El problema del éxito

El Carnaval de Badajoz no tiene un problema de decadencia, sino de éxito. Cada año crecen las comparsas y, sobre todo, el número de componentes. El domingo concentra casi todo, y eso genera desfiles larguísimos. Paco lanza una reflexión importante: un Carnaval de Interés Turístico Internacional debe pensarse también para el visitante. Quien viene de fuera llega el fin de semana y se marcha el domingo por la tarde. Diez horas de desfile no son fáciles de asumir. No es una crítica, sino una invitación a repensar el futuro.

El veneno del Carnaval

“Lo mejor del Carnaval no son los diez días de fiestas, lo mejor del Carnaval es el resto del año”.

Convivencias desde abril. Se activa todo, ideas, telas, disfraces, ensayos, coreografías, letras…es algo que hace familia. Las comparsas son mucho más que un grupo que desfila una vez al año. Son una segunda familia. Cumpleaños en el local, barbacoas, convivencias, viajes, ensayos interminables.

Hay barrios de Badajoz que no se entienden sin sus comparsas: San Roque, San Fernando, Pardaleras. Niños que crecen viendo coser trajes. Padres que vuelven a la calle con sus hijos. El Carnaval, así, no se hereda: se contagia.

El Carnaval de calle, el origen de todo

Si hay una idea que Paco repite con convicción es esta: el Carnaval nació en la calle. Antes de concursos y premios, estaba la gente disfrazándose con lo que tenía y saliendo a divertirse. Aún recuerda esos grupos de amigos, y su hermana, vestida de azafata recorriendo las calles de Badajoz, o cuando iban de médicos con las manos llenas de pintura roja en el mítico Estudio 52, donde acabó manchando a todo el mundo. Los verdaderos y naturales pasos de esta fiesta. El Carnaval de calle es esa catarsis, de la que hablaba el alcalde Manolo Rojas, donde todo el mundo se vestía y se echaba a la calle para divertirse. Hoy, a veces, el Carnaval de calle parece competir con los grupos organizados. Y eso, para Paco, es un error.

“El Carnaval no puede convertirse solo en excelencia y competición. Tiene que conservar la improvisación, el cachondeo, la naturalidad. Si se pierde eso, se pierde el alma.”

Gente que viene de todo el mundo

González nos cuenta la importancia de retener al visitante, y de cómo se han topado con gente hasta de Bilbao, que iba a Cádiz y al final se quedaron en Badajoz por el ambiente.

Los Agüitas y la murga como escuela

Paco llegó a Los Agüitas casi por casualidad, escuchando ensayos después del trabajo en Antena 3 Radio. Sin dinero para disfraz. Sin saber que se quedaría 22 años. La murga fue una escuela de Carnaval y de vida. Antes, los repertorios eran largos, casi teatrales. Luego llegó el formato más cercano a Cádiz, con pasodobles y cuplés. Más calidad, sí, pero también más ego. De la gente más creativa y más divertida, más alegre, trabajadores y vagos me los he encontrado en las murgas.

¿El concurso ha cambiado las murgas o las murgas han cambiado el concurso?

Son las murgas las que han cabiado el concurso. De hecho, nos comenta, el concurso ha tenido distintas épocas que han sufrido cambios de mejor o peor manera, por las murgas más veteranas. Os recuerdo que la Granadilla se negó a ir Ad Libitum y el resto fuimos. O el cambio del estilo del repertorio, a principios del año 2000, donde se incluyeron como normas obligatorios pasodobles y cuplés como piezas separadas, y donde nosotros nos resistíamos por esa especie de imitación al Concurso del Carnaval de Cádiz. Existían los mismos “tirones” pero nosotros éramos, y como decía Manuel González Lena “Manolón”, nuestros tirones eran muy sanos. Hoy la cosa ha cambiado algo en ese aspecto competitivo.

“El Carnaval es colectivo. Cuando el ego pesa más que el grupo, algo se rompe”

Hablas de Cádiz, aquí aparece, José María Cortés, un valedor imprescindible de las murgas

En ese recorrido por los nombres que han marcado el Carnaval pacense, hay uno que Paco considera fundamental para entender la evolución de las murgas en Badajoz: José María Cortés. Gran traumatólogo de profesión y murguero gaditano de alma, Cortés fue un verdadero valedor de las murgas del Carnaval pacense en un momento clave. Supo traer consigo la experiencia, el conocimiento y la tradición del Carnaval de Cádiz, pero sin imponerla. Al contrario: la adaptó, la mezcló y la enriqueció con la personalidad propia de la ciudad.

Gracias a esa mirada abierta y generosa, coros y murgas encontraron su espacio en Badajoz, integrándose con naturalidad, con su propia salsa y su idiosincrasia. No se trataba de copiar modelos, sino de aprender, evolucionar y construir algo propio.

Paco destaca especialmente esa capacidad de sumar sin restar, de enseñar sin dogmatismos, de entender que cada Carnaval tiene su ritmo, su lenguaje y su manera de expresarse. La huella de José María Cortés permanece en muchas de las murgas actuales, incluso en aquellas que quizás no son conscientes de dónde proceden ciertas formas, estructuras o maneras de entender el repertorio. Como ocurre tantas veces en el Carnaval, su legado no siempre se ve, pero se escucha.

El Estribillo, la memoria escrita (y sonora) del Carnaval

Esa necesidad de conservar lo vivido no se queda solo en la palabra hablada. Paco la ha transformado también en un espacio imprescindible: su web, El Estribillo.

A través de ella recoge de forma constante todo lo que acontece en los carnavales, con especial atención a las murgas. El Estribillo se ha convertido con el tiempo en una auténtica enciclopedia del Carnaval pacense: un archivo vivo donde se puede encontrar información sobre integrantes, coplas, sonidos, puesta en escena, repertorios y la evolución de las agrupaciones a lo largo de los años.

No es solo una base de datos. Es memoria organizada. Un lugar al que acuden aficionados, componentes, investigadores y curiosos para entender de dónde viene cada murga, cómo ha cambiado y quién estuvo cuando aún no existían redes sociales ni archivos digitales.

En una fiesta tan efímera como el Carnaval, donde todo sucede rápido y se desvanece al terminar febrero, El Estribillo cumple una función esencial: hacer que nada se pierda del todo. Que las coplas no se las lleve el viento. Que los nombres no queden en el olvido. De algún modo, es la prolongación natural de aquella libreta de las ausencias. Solo que aquí también queda constancia de lo que sigue creciendo.

El pregón y la exposición pública

Las redes sociales lo amplifican todo: el pregón, el cartel, la polémica. Paco cree que la fórmula actual funciona, con un pregón nacional y otro local.

Y aquí no duda: para él, el mejor pregón que ha vivido el Carnaval de Badajoz ha sido el de Carlos Latre. No solo por lo que ocurrió aquella noche, sino por todo lo que aportó antes, durante y después. Latre se implicó, se empapó del Carnaval pacense, conectó con el público y, lo más importante, siguió hablando de Badajoz y de su Carnaval después del pregón, dándole una proyección real. Eso, para Paco, es lo que debe hacer un pregonero: sumar. También recuerdo el pregón que dieron los Gomaespuma, con trajes de mi madre, fue una gozada.

“El mejor pregón que ha vivido el Carnaval de Badajoz ha sido el de Carlos Latre. No solo por lo que ocurrió aquella noche, sino por todo lo que aportó antes, durante y después”

Memoria y futuro

Cuando se le piden nombres imprescindibles, Paco duda. No por falta de ellos, sino por miedo a olvidar a alguien. Entre los alcaldes, Manuel Rojas y Miguel Celdrán.  Mi mujer, que prácticamente enviudó cuando se casó conmigo, de octubre a febrero está sola, nos dice riendo. Consuelo Rodríguez Píriz, gente de la murga como Miguel Bas Julián Arroyo Paco Tavares que somos y pensamos muy diferentes, pero a la que conocí tarde y le tengo mucho cariño, Juanma Cardoso, Pepe Gutiérrez, Ángel Luis López, José María Cortés, Manolón, Manolo Mato, Mendoza, Antonio Sansinena, Chiqui, Guille Regaña, Pilar Campanón, Julio de la Falcap, José Manuel García… y tantos otros que trabajaron durante años, muchas veces desde octubre hasta febrero, sin focos ni aplausos.

El final que no es final

Paco vuelve siempre a la misma idea. Terminamos de cosas que hay que repensar bien, la cantera de las murgas, porque salen agrupaciones desde hace años, como Guadalupines, MiniFolk y sobre todo músicos y murgueros que han reemplazado a gente en esas murgas. Y tampoco, nos recuerda, que no se puede tener un Museo del Carnaval cerrado todo el año, abriendo únicamente los días de la fiesta.
Si el Carnaval pierde la calle, pierde el alma…si se convierte solo en competición, deja de ser Carnaval.
Si olvida a quienes ya no están, se queda sin memoria…mientras haya gente cosiendo en septiembre, ensayando en noviembre y saliendo a la calle en febrero, el Carnaval de Badajoz seguirá vivo…aunque algunos ya solo estén anotados en una libreta invisible.

Willy López / Félix Méndez

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