Miramos al cielo, las comparsas lo llevan haciendo desde hace semanas, casi como profesionales de la meteorología, marcan con tiza el cielo con un sol enorme, o al menos se lo imaginan. Da igual se hace frío, si caen tres gotas, si el viento descose parte del atuendo, si el disfraz sufre inclemencias del tiempo. Lo importante es desfilar, lucir el traje preparado con mimo durante meses. Los niños y niñas pueden con todo y hacen de guía de los mayores, un paraguas, un baile de precalentamiento, y una buena sonrisa, grande y natural, la endémica de este Carnaval que marca el camino para el gran desfile.































