En el 48º Festival Internacional de Teatro de Badajoz, la compañía Aracaladanza se presenta en las tablas de la ciudad para corroborar por qué es una de las más originales y queridas del panorama escénico español. Su nuevo espectáculo, Va de Bach, dirigido por Enrique Cabrera, transforma la música de Johann Sebastian Bach en una celebración del movimiento, el humor y la imaginación.
Lejos de la solemnidad barroca, esta pieza abre un portal donde un gorila gigante, una mano descomunal, títeres, y hasta ecos de The Beatles y Muse conviven con el genio alemán en un diálogo entre siglos, ritmos y emociones.
Una experiencia visual que rompe el clasicismo
En escena, cinco intérpretes —Carolina Arija, Lydia Martínez, Jimena Trueba, Aleix Rodríguez y Jonatan de Luis— despliegan una coreografía que desborda alegría, precisión y libertad. Lo que podría haber sido una obra sobre Bach se convierte en una invitación a imaginar, en un universo donde el orden matemático del compositor se funde con lo imprevisible del juego escénico.
La escenografía, diseñada por Elisa Sanz, está llena de sorpresas: una mano gigante emerge del suelo como símbolo del poder creador; títeres y marionetas cobran vida como si fueran extensiones del cuerpo humano; pelucas barrocas flotan, objetos se transforman y globos “cantan” bajo la luz cambiante diseñada por Pedro Yagüe.
Todo respira fantasía, ironía y belleza visual. La escena deja de ser un espacio realista para convertirse en un paisaje mental, donde Bach, reinterpretado, se mueve entre la disciplina y el delirio.
El gorila que desafía la razón
Uno de los momentos más memorables llega con la aparición de un enorme gorila escénico, tan divertido como enigmático. Este ser peludo, que irrumpe en medio de la armonía perfecta, actúa como una metáfora de la libertad. Representa lo irracional, lo lúdico, lo que escapa a las normas.
Para Enrique Cabrera, “Bach es la estructura; el gorila, la imaginación. El arte ocurre en el punto donde ambos se abrazan.” Su presencia rompe el clasicismo de raíz: el animal gigante no destruye el orden, sino que lo transforma, lo humaniza, lo llena de ternura y humor. Es el contrapunto perfecto a la perfección del compositor alemán.
Bach, The Beatles y Muse: una partitura imposible
Aunque el punto de partida es la música de Johann Sebastian Bach, el espectáculo la reinterpreta con total libertad. El compositor Luis Miguel Cobo ha creado una banda sonora que combina adaptaciones barrocas con influencias contemporáneas: armonías de The Beatles, crescendos de Muse y texturas electrónicas que expanden los límites del clasicismo. De los Beatles toma la melodía y el humor; de Muse, la energía casi sinfónica y la teatralidad. El resultado es un collage musical donde el espíritu de Bach convive con guitarras, sintetizadores y voces humanas sin perder su esencia.
Sheila Blanco: el alma vocal del espectáculo
Entre los grandes aciertos de Va de Bach destaca la colaboración de Sheila Blanco, cuya voz aporta calidez y cercanía. La cantante, conocida por su proyecto Bach es Dios, convierte las composiciones instrumentales en piezas cantadas con letra, ritmo y emoción contemporánea.
Su intervención otorga una nueva dimensión al espectáculo: Bach se vuelve humano, divertido, incluso pop. Blanco actúa como un puente emocional entre siglos, llevando el lenguaje barroco al terreno del público actual.
La danza-teatro como lenguaje de libertad
Va de Bach es también una reivindicación del poder expresivo de la danza-teatro. Aracaladanza utiliza el cuerpo como instrumento narrativo: no hay texto, pero sí historia, emoción y pensamiento. Cada gesto, cada salto, cada caída contiene una idea.
La compañía demuestra que la danza puede ser teatro sin palabras, un lenguaje que comunica desde el cuerpo y la emoción. Los bailarines no solo ejecutan movimientos: interpretan, sienten, provocan, imaginan.
En un festival tradicionalmente centrado en el teatro de texto, Va de Bach representa la expansión de las fronteras escénicas, un ejemplo de cómo la danza-teatro puede reunir al público familiar, infantil y adulto en una misma experiencia artística.
Una escenografía que juega con lo imposible
La propuesta visual de Aracaladanza es uno de sus sellos de identidad. En Va de Bach, los objetos parecen tener voluntad propia: una mano gigante se abre como si fuera la del mismísimo creador; títeres se entremezclan con los bailarines en un diálogo entre lo real y lo fantástico; elementos del vestuario barroco se distorsionan, multiplican o desmontan en clave contemporánea. Esa mezcla de clasicismo y juego visual genera un mundo donde lo solemne se convierte en lúdico, donde lo académico se vuelve travieso. El público ríe, se asombra y, sobre todo, se deja llevar por la poesía del movimiento.
Bach para todos
La obra está pensada para el público familiar, pero su lectura es múltiple. Los niños disfrutan del color, los objetos y el humor; los adultos descubren una reflexión sobre la libertad creativa y la necesidad de imaginar.
En el marco del 48º Festival Internacional de Teatro de Badajoz, esta propuesta confirma la línea del certamen hacia la innovación, la diversidad y la emoción escénica.
El arte de sorprender
Cuando el telón cae, queda flotando una sensación de asombro y alegría. Va de Bach no es solo un homenaje a la música, sino una celebración del arte como juego, imaginación y libertad.
“Bach nos enseña que el orden puede ser bello. Nosotros solo recordamos que la belleza también puede ser divertida.”














