Surge como algo espontáneo, dentro de una fiesta espontánea, en un local de dimensiones espontáneas. Nace en un barrio antiguo, en una fiesta parida de una declaración extemporánea, en un local silenciosamente gamberro. Se mantiene como un evento burlesco y reivindicativo, en una fiesta divertida reivindicativa en un local juguetón y reivindicativo. La Carrera de Tacones en la fiesta de Los Palomos en el local de El Silencio. Espontáneo, gamberro y reivindicativo.
Las reglas son sencillas. Desconocer el peligro, conocer el empedrado, molerse las rodillas, protegerse bucalmente, no mirar atrás, sacar codos, tener unos tacones de diez-quince centímetros, tener unos tobillos asegurados con franquicia de siniestro y correr, correr mucho y recto. Correr o volar, en el caso de que seas un pájaro, correr y reptar, si crees que el cuerpo a tierra, evitará leches de todo tipo. Correr a carajo sacao.
Julián Monge, el espontáneo, gamberro y reivindicativo es la matrona de esta carrera, reparte tacones y buen rollo a partes iguales. Monge, antes monaguillo de moda internacional, también corre, pasea, por los pocos, pero vertiginosos metros de la carrera. Del Silencio parte todo. De una fiesta de orgullo y diversidad. De un rato para celebrar, de un instante para correr pisando en alto, desde la memoria de lo que algunos quieren hacer olvidar, correr en tacones para enterrar el odio. Pasean y corran.
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