Un concurso, vale. Hay que competir. Pero como en un Mundial de Fútbol, cada murga juega su propia competición. Las preliminares, palabro que escocería a los Pérez-Reverte de turno; eliminan, fijan y da esplendor. Llegar en barca al Teatro al principio es extraño, con el paso de los días, el personal ya maneja nudos marineros, tatuajes de anclas y argot de viejo zorro de mar. Amarramos nuestra zodiac en la puerta lateral del Teatro del López de Ayala. Nos resulta conocido este sitio. En la Marina, los pescadores van dejando los calamares de trasmallo, listos para morir emparedados en un bocadillo. En la puerta, currantes de seguridad, prensa, concejal de Cultura y fiestas, Casablanca, cansado pero contento, alcalde, Ignacio Gragera, cansado, contento y preocupado por las borrascas, besos, abrazos y Cardoso y sus 25 años de anécdotas carnavaleras.

El trámite es sencillo. Te ven la cara, te saludan y te preguntan por tu estado. Se responden en plan random, pulsera blanca grisácea y luego nos vemos bro. Un palco compartido con dos camas de matrimonio y dos medios de comunicación. Nuestros calvos preferidos, los Carlos Pumares del Carnaval. Tavares de Tato Abadía y Paco González, exaltado vip de esta fiesta. El resto de compañeros a pico y pala con sus medios.l

Todo el personal de sala preparado, amable, afable y dispuesto a mantener el orden caótico que esta bendita fiesta genera. Lo primero que hacemos cada año es ir a bastidores, a dar un beso a Toni. Este año no acudimos. Subimos directamente a la última planta de la tramoya, nos agarramos a la última cuerda y en voz baja, desde el interfono, le susurramos que todo en orden, que te echamos de menos.

Los técnicos, esos invisibles que hacen que todo suene bien, que la luz surta el efecto deseado y que el bisoñé que genera la concha acústica rebote en forma de estribillo, trabajan como desalmados. Camerinos repletos de maquillaje, postizos, purpurinas, trajes, laca, uñas postizas, uñas naturales, gorros, atrezzo, mensajes de ánimo en los móviles, alguna cerveza y mucha ilusión.

Una vez se apagan las luces, el maestro de ceremonias, José Luis Lorido, nos hace saltar de las butacas con su potente voz, pasado el respingo, nos mete de lleno, con emoción a las veintiuna murgas participantes. La voz demuestra unas ganas de volver a salir a cantar aunque sea un ratito, pero este año su murga se toma un descanso.

Viejinas de un pueblo extremeño, envenenadores del carnaval, albañil de Ib Marwan, Porrinas de Badajoz, especialistas en apagones, monstruos sacados de un hotel del terror, la hierba buena que combate con la mala, el camalote, entrenadores de futbol base, cacos de guante blanco, pedros Sánchez, mujeres bomba, villanos no tan malos, costaleros, cantineras de Cuba, zombies vigilados por la IA, un ejército de serpentina, nuestras queridas mineras, médicos de familia, trabajadores de mercadillo, un autobús lleno de gente cachonda y alcaldesas con ganas de liarla.

A partir de ahí, todo el trabajo está hecho, han sacado todo lo que tenía dentro. Esos son las murgas. O lo que debería de ser, buen rollo, buena crítica, un rato para olvidarse por unas horas de toda la montada fuera del escenario. Es un concurso, vale, pero cada murga juega su liga. Unos luchan por mantener el liderato, otros llegar a la final, otras murgas por pasar a semis, y la gran mayoría para puntuar con el resto de compañeros y compañeros que la vida es un Carnaval.

Como en toda competición…estos pasan a semifinales…es cuestión de tiempo. Suerte y enhorabuena. Termina la primera fase y volvemos a faenar en nuestra lancha, hasta el próximo desembarco de las murgas.

Al Maridi, Water Closet, Marwan, Turuta Madre, Yo No Salgo, Los Mirinda, Las Chimixurris, Valentín entrenador infantil, A Contragolpe, Los Chungos, Los Rayano y Los Camballotas

Willy López / Félix Méndez

 

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